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Ejercicio Cancer

Historia en Breve -

  • El ejercicio es un componente importante para la prevención y el cuidado del cáncer; reduce su riesgo de desarrollar cáncer, mejora su oportunidad de recuperarse exitosamente y disminuye su riesgo de la reaparición del cáncer
  • Estudios sugieren que las personas activas físicamente tienen entre 20 y 55 % menos riesgo de cáncer que sus contrapartes sedentarias
  • El ejercicio podría disminuir 7 % su riesgo de CUALQUIER tipo de cáncer, aproximadamente; 13 cánceres - como el cáncer de esófago, pulmón y riñón - responden más al ejercicio, lo que ocasiona 20 % menos riesgo
 

El Ejercicio Puede Disminuir el Riesgo de Algunos Cánceres en un 20%

Junio 3, 2016 | 27,270 vistas
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Por el Dr. Mercola

Que el ejercicio es fundamental para la salud óptima no es nada nuevo. Pero, ¿sabía que también es una estrategia poderosa para reducir su riesgo de cáncer? También puede mejorar su oportunidad de remisión y recuperación, si llegara a desarrollar cáncer.

Muchos más de 100 estudios han observado el papel de la actividad física en la prevención del cáncer1 y revelan un patrón distintivo: Mientras más ejercicio haga, los beneficios serán más pronunciados.

Estudios han demostrado que las personas que hacen ejercicio a una edad temprana tienen menos riesgo de desarrollar cáncer más adelante.

El grado al que el ejercicio disminuye su riesgo de cáncer varía dependiendo del tipo de cáncer y otros factores, aunque la información muestra que las personas activas físicamente tienen entre 20 y 55 % menos riesgo de cáncer que sus contrapartes sedentarias.

Por ejemplo, en comparación con las personas inactivas, los hombres o mujeres activos tienen:

  • 20 a 30 % menos riesgo de cáncer de seno2
  • 38 % menos riesgo de cánceres invasivos de seno3
  • 30 a 40 % menos riesgo de cáncer de colon4
  • 44 % menos riesgo de cáncer de intestino después de los 65 años5
  • 55% menos riesgo de cáncer de pulmón6

El Ejercicio Disminuye su Riesgo de Al Menos una Docena de Cánceres Diferentes

Muy recientemente se completó un análisis de 12 estudios que utilizó la información de 1.4 millones de personas de un rango amplio de diferentes orígenes, de Estados Unidos y Europa, durante 11 años.

Ese estudio encontró que aquellas personas que habían hecho más ejercicio tuvieron, en promedio, 7 % menos riesgo de desarrollar CUALQUIER tipo de cáncer.

Como reportó la revista Time:7

"[E]l menor riesgo fue especialmente notable en 13 tipos de cánceres. Las personas que eran más activas tuvieron, en promedio, 20 % menos riesgo de desarrollar cáncer de esófago, pulmón, riñón, estómago, endometrio y otros, en comparación con las personas menos activas...

"Todos sabemos que la actividad física reduce el riesgo de enfermedades cardiacas", dice el autor [principal, el Dr. Steven] Moore. "La lección aquí es que la actividad física también podría reducir el riesgo de desarrollar cánceres.

El cáncer es una enfermedad muy temida, aunque, si las personas comprenden que la actividad física podría influir en su riesgo de desarrollarlo, entonces, tal vez, esto les brindaría un factor más motivante para volverse más activas".

Cómo Combate al Cáncer el Ejercicio

Entonces, ¿exactamente cómo combate al cáncer el ejercicio? Las investigaciones muestran que hay muchas vías y mecanismos en juego; una orquesta sinérgica de reacciones químicas, si lo desea, desencadenadas por el esfuerzo físico.

Hace casi 30 años, cuando leí por primera vez acerca de la conexión entre el ejercicio y el cáncer, me sorprendió y no tenía idea de su mecanismo. Pero he aquí una muestra de lo que la ciencia ha descubierto en las últimas décadas. El ejercicio disminuye su riesgo de cáncer al afectar:

Función mitocondrial

Quizá lo más importante sea que el ejercicio promueve la salud mitocondrial.

El daño mitocondrial puede desencadenar mutaciones genéticas que pueden contribuir al cáncer, así que optimizar la salud de su mitocondria es un componente clave para la prevención del cáncer.

De hecho, la disfunción mitocondrial se encuentra en el núcleo de prácticamente todas las enfermedades.

El ejercicio es uno de los estímulos más poderosos para el PGC-1 alfa, que estimula la biogénesis mitocondrial o la producción de mitocondrias nuevas.

Hace esto al disminuir la mTOR, los niveles de insulina y leptina, que también mejora la autofagia mitocondrial (mitofagia), que es el elemento clave para controlar los tumores malignos.

Analizo algunos de estos detalles en mi entrevista con Travis Christofferson acerca de su libro "Tripping Over the Truth: The Return of the Metabolic Theory of Cancer" (Tropiezo con la verdad:

El regreso de la teoría metabólica del cáncer). Este libro es básico para cualquiera que esté interesado en prevenir o recuperarse del cáncer.

AMPK, SIRT1, y mTOR

El ejercicio estimula la AMPK y SIRT1, que inhiben secundariamente la mTOR, lo que a su vez estimula la biogénesis mitocondrial y la mitofagia, las cuales son mortales para el cáncer.

En esencia, el cáncer puede verse como un trastorno metabólico y la clave para la prevención y la recuperación se encuentra en restaurar la función mitocondrial y aumentar la cantidad de mitocondrias.

El ejercicio lo ayuda a ambas cosas.

Equilibrio de la energía, función inmunológica y más

El ejercicio afecta varias funciones biológicas que pueden influir directamente en su riesgo de cáncer, como los cambios en el equilibrio de la energía, la función inmunológica, defensa antioxidante, reparación del ADN, movilidad intestinal y niveles de hormonas.8

Azúcar e insulina en la sangre

El ejercicio ayuda a disminuir el nivel de azúcar en la sangre y disminuye su resistencia a la insulina al generar un ambiente bajo en azúcar que evita bastante el crecimiento y la difusión de las células cancerosas.

Desde principios de la década de los 30, se demostró la capacidad del azúcar para promover el cáncer , después del descubrimiento de Otto Warburg que indica que los tumores malignos exhiben un aumento en la glicólisis anaeróbica – un proceso a través del cual se utiliza la glucosa como combustible para las células cancerosas, en el que el ácido láctico es un subproducto anaeróbico.

Esto ayuda a explicar por qué la dieta cetogénica parece ser una estrategia tan poderosa para el tratamiento de tantos cánceres.

La razón es que, mientras que las células normales del cuerpo pueden usar glucosa o cuerpos cetónicos de la grasa como combustible, las células cancerosas no poseen esta flexibilidad metabólica.

Peso corporal

También ayuda a eliminar el exceso de grasa y a mantener un peso saludable (esto es particularmente así en el entrenamiento en intervalos de alta intensidad).

El exceso de peso es un factor de riesgo significativo y cada año, la obesidad es la responsable de un estimado de 500 000 casos de cáncer en el mundo entero.9

La relación entre la obesidad y el cáncer es impulsada principalmente por las hormonas, ya que las células de grasa producen estrógenos en exceso.

Esto también ayuda a explicar por qué el ejercicio durante la infancia reduce el riesgo de cáncer para toda la vida y por qué los niños obesos tienen un riesgo de cáncer significativamente alto en la madurez.

Circulación de la sangre

La actividad física mejora la circulación, lleva más oxígeno a los tejidos y circula más células inmunológicas en la sangre.

Al mejorar el flujo de sangre al hígado, también ayuda a que el cuerpo se desintoxique de sustancias potencialmente dañinas, como el exceso de estrógenos, que podrían estimular a los cánceres sensibles a esta hormona.

Células asesinas dependientes de la adrenalina

La actividad física desencadena la liberación de adrenalina, que, a su vez, ayuda a la circulación de las células inmunológicas naturalmente asesinas (NK, por sus siglas en inglés) hacia los tumores en el pulmón, hígado y piel, donde trabajan para matar y eliminar a las células cancerosas.

La clave que permite que las células NK dependientes de la adrenalina se infiltren en los tumores cancerígenos es la molécula señalizadora del sistema inmune IL-6, que libera el tejido muscular durante el ejercicio.

Sin la IL-6, la adrenalina no puede producir este efecto anticancerígeno, debido a que las moléculas IL-6 guían a las células inmunes a los tumores.10,11,12,13

Células T

El ejercicio altera las células T de una forma más efectiva para combatir las enfermedades, llamada células T "ingenuas", que aumentan la capacidad del sistema inmunológico para combatir las células cancerígenas emergentes y existentes. Esto ayuda a explicar por qué el ejercicio es benéfico para la prevención y el tratamiento del cáncer.14

Enfermedad del hígado graso no alcohólico

El ejercicio regular también ha demostrado reducir su riesgo de la enfermedad del hígado graso no alcohólico, provocada por una alimentación no saludable, y por lo tanto disminuye su riesgo de carcinoma hepatocelular (CHC) – un cáncer que se origina en las células del hígado.15

El Ejercicio También Es Importante Durante y Después del Cáncer

Un reporte realizado por la organización británica Macmillan Cancer Support16 afirma que el ejercicio es una parte importante del cuidado del cáncer y realmente no hay que pasarla por alto.

Ellos les recomiendan a todos los pacientes con cáncer hacer 2.5 horas de ejercicio de moderada intensidad a la semana.Johns Hopkins en Estados Unidos también recomienda hacer ejercicio durante y después del tratamiento para el cáncer.17

Su razonamiento está bien justificado, ya que los estudios muestran que los pacientes con cáncer que hacen ejercicio aumentan su probabilidad de sobrevivir y reducen la reaparición de la enfermedad cerca de 50 %.

Mejora exitosamente el tratamiento: Las investigaciones realizadas con animales sugieren que el ejercicio aeróbico ayuda a estimular la efectividad de la quimioterapia al aumentar la oxigenación de los tejidos.18,19

El ejercicio también ayuda a mitigar el número de efectos secundarios comunes debido a los medicamentos y radiación para la quimioterapia.

Entre los cuales encontramos la reducción de la fatiga, protección de la salud del corazón y los huesos, control del estrés y la ansiedad, mejora del sueño y el apetito, y alivio al dolor.

Mayor sobrevivencia: Los investigadores de Harvard descubrieron que los pacientes con cáncer de seno que hicieron ejercicio moderadamente durante tres a cinco horas a la semana redujeron casi a la mitad su probabilidad de fallecer debido al cáncer, en comparación con los pacientes sedentarios.

De hecho, cualquier cantidad de ejercicio a la semana aumentó la probabilidad del paciente de sobrevivir en cierto grado el cáncer de seno. Este beneficio permaneció constante sin importar si las mujeres obtenían un diagnóstico temprano o después de que el cáncer se hubiera extendido.20

Menor índice de reaparición: Un estudio realizado en 2012 encontró que el índice de reaparición en los pacientes de cáncer de seno y colon que hacían ejercicio con regularidad era de menos de la mitad, en comparación con los que no hacían ejercicio.21

Usar el Ejercicio Como Medicamento

Idealmente, el ejercicio debería usarse como una herramienta de precisión. Yo prefiero ver al ejercicio como un "medicamento" que debe recetarse cuidadosamente para lograr sus máximos beneficios.

Si se hace demasiado poco no habrá un impacto significativo, mientras que hacer demasiado podría ocasionar una lesión y degenerar la salud.

Si padece cáncer, yo le recomendaría ampliamente que hable acerca del ejercicio con su oncólogo o trabaje con un profesional de fitness capacitado para idear un régimen seguro y efectivo. He aquí algunas consideraciones clave:

Haga ejercicio de forma eficiente: Evite caer en la trampa de enfocarse exclusivamente en los aspectos aeróbicos del ejercicio, ya que esto evitaría la salud óptima. Es importante que integre una variedad de técnicas: entrenamiento de fuerza, ejercicios aeróbicos, actividades para desarrollar el torso y estiramientos.

Sin embargo, lo más importante de todo es hacer ejercicio de alta intensidad, del tipo explosivo, una o dos veces a la semana.

El entrenamiento en intervalos de alta intensidad (HIIT, por sus siglas en inglés) ha demostrado ser mucho más efectivo y eficiente que otras formas de ejercicio.

Incluso se puede convertir prácticamente cualquier ejercicio en una rutina de alta intensidad, como caminar (al hacerlo más rápido) y el entrenamiento con peso (al hacerlo más lento).

Encuentre la 'dosis' adecuada: Los investigadores han sugerido que hay una relación dosis-respuesta entre el ejercicio y el menor riesgo de cáncer, en la que una cantidad mayor de ejercicio produce mayor protección.22

Sin embargo, sigue siendo imprecisa la dosis exacta que se necesita para la protección máxima contra el cáncer.

Dos estudios a gran escala que han ayudado a aclarar un poco la situación buscaron la "zona de Ricitos de Oro" en la que el ejercicio produce el mayor beneficio para la longevidad general.

(Considerando que el cáncer es una de las enfermedades más mortales, maximizar la longevidad significa que reduce su riesgo de todas las enfermedades, entre las cuales está el cáncer).

El mayor beneficio se encontró entre aquellas personas que hicieron de 150 a 450 minutos de ejercicio moderado a la semana. Esto disminuyó su riesgo de una muerte temprana en un 31 y 39 % respectivamente.

Hacer ejercicio durante más de 450 minutos a la semana no brindó ningún aumento en la longevidad. De hecho, hacer ejercicio durante 25 horas a la semana o más tan solo brindó un riesgo 31 % menor de mortalidad.

Los estudios mostraron que incorporar más ejercicios de alta intensidad también puede aumentar la longevidad, en comparación con el ejercicio consistente a un ritmo moderado.

Tenga en cuenta que, conforme aumenta la intensidad, necesitará disminuir la duración y frecuencia del ejercicio. HIIT solo debe realizarse de una a tres veces por semana, máximo.

Hacer más que esto puede ser contraproducente, ya que el cuerpo necesita tiempo para recuperarse del esfuerzo. En los días que no haga HIIT, realice otras actividades menos extenuantes.

Mientras más temprano comience, mejor. Aunque, nunca es demasiado tarde.

Si tiene hijos, este es el momento para iniciarlos en el buen camino de la salud al persuadirlos y animarlos a ser tan activos como sea posible.

En un estudio, las mujeres que hicieron ejercicio tan solo menos de 1.5 horas a la semana durante la adolescencia (aunque no en la madurez) tuvieron un riesgo 16 % menor de fallecer de cáncer a mediana edad.

También tuvieron un riesgo 15 % menor de mortalidad por todas las causas. Aquellas personas que fueron activas en la adolescencia y mantuvieron su hábito de hacer ejercicio como adultos, tuvieron un riesgo 20 % menor de muerte por todas las causas.23,24

Dicho esto, no está condenado si está envejeciendo y no ha mantenido una rutina de ejercicio. Nunca es demasiado tarde para comenzar, ya que los cambios bioquímicos producidos por el ejercicio se notarán sin importar su edad.

Realice diariamente movimiento que no sea ejercicio: Considere caminar más, además de su régimen regular de ejercicio. Un objetivo saludable es caminar cerca de 7 000 a 10 000 pasos al día (o un paseo de una hora aproximadamente).

También evite lo más posible estar sentado. Si puede, limite el tiempo que pasa sentado a tres horas o menos, ya que el simple acto de estar de pie desencadena cambios benéficos en su biología.

El Ejercicio Mejora su Probabilidad de Tener una Vida Larga y Saludable

Si desea prevenir las enfermedades, ¡haga ejercicio! Teniendo en cuenta las evidencias que muestran que el ejercicio tiene un impacto profundo en la salud y la prevención de enfermedades como el cáncer, sería extremadamente ilógico ignorar este consejo.

Especialmente si considera el asombroso índice de fracaso del paradigma de los medicamentos convencionales. Los errores médicos y los medicamentos peligrosos son, de hecho, la tercera causa de muerte en los Estados Unidos.

El cáncer es solo uno de los muchos problemas de salud que pueden surgir como resultado de la inactividad crónica. Su salud metabólica y cardiovascular también dependen enormemente del ejercicio.

De hecho, uno de los beneficios principales del ejercicio es que aumenta su salud mitocondrial, que representa un papel decisivo en el cáncer y otras enfermedades crónicas.

Lo ideal es establecer un programa de ejercicio completo que integre ejercicios de alta intensidad y entrenamiento de fuerza – los cuales han demostrado ser particularmente benéficos para prevenir el cáncer.

La actividad y el movimiento diario que no es ejercicio es igual de importante, ya que estar sentado de forma frecuente y prolongada ha demostrado ser tan peligroso como fumar, cuando se trata de reducir años a su esperanza de vida.

Naturalmente, si tiene cáncer o cualquier otra enfermedad crónica, necesitará modificar su rutina de ejercicio según sus circunstancias individuales, tomando en cuenta su nivel de fitness y su salud actual. Si a veces necesita hacer ejercicio de baja intensidad o durante periodos cortos, no se desanime.

Escuche siempre a su cuerpo y si siente que necesita un descanso, tómese el tiempo de hacerlo.

Solo tenga en cuenta que, hacer ejercicio, aunque sea algunos minutos al día, es mejor que no hacerlo en lo absoluto y es probable que vea que su resistencia aumenta con el tiempo, lo que le permitirá realizar entrenamientos más desafiantes.

Si su sistema inmunológico está comprometido gravemente, lo ideal es hacer ejercicio en casa, en vez de ir a un gimnasio. Aunque, recuerde que el ejercicio le ayudará a mejorar su sistema inmunológico, así que es muy importante que continúe con su programa, incluso si padece una enfermedad crónica o cáncer.

También, si tiene niños, sería sensato que les ayudara a desarrollar una base sólida para la buena salud, al animarlos a realizar actividades físicas diariamente. En muchos casos, esto significa idear formas de invitarlos a dejar los juegos y dispositivos electrónicos.

Una forma de lograr esto es hacer ejercicio como familia, con el objetivo de divertirse juntos. No solo se beneficiarán todos de la actividad física, sino que también ayudará a fortalecer los vínculos emocionales entre ustedes.